El centralismo de la inversión catalana

El centralismo de la inversión catalana

Article de Manel Larrosa publicat a Via Empresa l’11 de setembre de 2020

El presupuesto de la Generalitat de este año explica en detalle la inversión por comarcas y es muy políticamente correcto. Casi todo el mundo recibe según su porcentaje de población, un poco más las comarcas menos pobladas y algo menos las más densas, las cuales aquí aparecen solidarias. Por ejemplo: Barcelonés el 22,3% de inversión, por 29,7% de población, Vallés Occidental, inversión del 6,9%, para una población del 12,1%, etc. Unas cifras cuadradas a la perfección.

Todo muy correcto, solo que hay un 37% del presupuesto que aparece “no territorializable” y si nos leemos sus larguísimas partidas encontramos que la mayoría son inversiones fijas que se pueden perfectamente localizar. Solo que este margen permite la libertad de asignación por parte de la Administración y, al mismo tiempo, no romper el tópico del reparto justo.

Y, aun así, la inversión es un asunto plurianual y la obsesión de la igualdad rompe unas inversiones que tienen que ser variables en el tiempo y que solo se pueden leer en términos de larga duración. Por comenzar, este 37% no localizado de este año nunca había sido una proporción tan enorme. Las publicaciones del Departamento de Economía de la Generalitat indican una cifra histórica en presupuestos consolidados por debajo del 10%.

Si vamos al grano, lo que hace falta es poder analizar la inversión de las comarcas en una acumulación histórica y lo podemos ver entre los años 1982 a 2018, un periodo de 36 años que señala acción de gobierno y diferentes responsables políticos. Pues bien, la inversión acumulada se ha hecho con una media de 6.425 euros por catalán (a precios corrientes), de los cuales al Barcelonés han sido 6.796 y en el Baix Llobregat 6.512 euros, formando parte ambas comarcas de las receptoras limpias. Cierto que por habitante ha tenido receptoras todavía, pero son pequeñas y despobladas.

En temas absolutos, donde ha habido el mayor desequilibrio en términos absolutos es en el Barcelonés que acumula el 32,3% de la inversión del conjunto del país. Si un país se hace solo con escuelas y centros sanitarios y un poco de capital esta podría ser una dimensión aceptable, pero no deja de ser un país pobre el cual concentra tal magnitud de recursos en una parte reducida. Es como si no hubiera carreteras, ferrocarriles, regadíos, puertos, parques, …

“En término absoluto, donde ha habido el mayor desequilibrio en términos absolutos es en el Barcelonés que acumula el 32,3% de la inversión del conjunto del país”

Con todo, el reparto ha sido muy igualitario y no se puede comparar con las Españas de la acción del Ministerio de Fomento, pero este aproximado empate esconde que la capital obtiene el mayor gasto concentrado del conjunto del desequilibrio, porque su número de población es enorme.

Podemos decir que, en vez de economías de escala, hay deseconomías. Barcelonés y Baix Llobregat se llevan, ellas solas, el 22,5% de la inversión repartida por sobre la media del conjunto catalán. Y, por otro lado, en la balanza cuenta que alguien debe pagar el margen de solidaridad que constituyen las 26 comarcas situadas por encima de la media, o sea por parte de 15 aportadores limpios. Y la respuesta es que la aportación mayor se ha hecho desde el Maresme y Vallés Occidental, seguidas por el Oriental, el Garraf, el Tarragonés y el Baix Camp. Hay, pues, un espacio metropolitano en Barcelona y el Camp que es claramente solidario y que soporta la capital y al conjunto del país y es donde actualmente se acumulan los déficits mayores como periferias desatendidas.

Y todavía podríamos hacer, si dispusiéramos de cifras, cálculos sobre el gasto ministerial y la concentración en la capital todavía sería más notable, porque cuando se habla de Cercanías quiere decir La Sagrera, Cultura señala determinados equipamientos provinciales, por red viaria se entienden peajes, etc.

Que en todo ello hay un déficit de financiación y de pleno sentido de autogobierno es muy cierto, pero nuestra carencia de criterio y de proyecto de país también es más que notoria.